Cada uno es como es, y baja las escaleras como quiere, cantaba Serrat. Pero qué pasa cuando uno baja las escaleras a trote y trompicones y hay otros bajando o subiendo?. Hay que dejar que el que baje escaleras como elefante en cacharrería lo haga de esa manera?. Mi respuesta poco políticamente correcta es un NO radical. ¿Por qué dejar que alguien sea serio cuando todos sabemos lo bueno que es reir?, ¿por qué dejar que alguien tenga mal genio continuado cuando todos sabemos que no es sano, ni para el propio ni para los vecinos?. ¿Por qué no se puede pretender que los demás piensen como uno si uno piensa por los demás?.
LIBERTAD, RESPETO, grandes palabras pero a veces se agitan sus banderas con demasiada y violenta energía. Soy así, y si no te gusta te vas, dicen. ¿Y por qué me tengo que ir, digo, si me puedo quedar y pasarlo bien contigo?.
No creo en encierros en fortalecas de murallas pertrechadas con cañones del 15, y con paso franqueado sólo bajo exhaustivo registro y comprobación de cumplimiento de condiciones; creo en adaptación, creo en encontrarse/nos a mitad de camino. Pero carajo!, uno ya se cansa de caminar buscando los medios caminos, y ya casi que monta su fuerte en ese medio camino, que entonces deja de serlo.
Seguiremos trabajando, pero agradecería un poco de ayuda. Abrid las puertas de vuestras murallas, y, aunque no lleguéis a mitad del camino, al menos esperad en el dintel con los brazos abiertos y llenos de curiosidad, en vez de suspicacia.

