domingo, agosto 04, 2013
ILUSIÓN II
Pes para que no me quiten la ilusión, o para recuperarla, puesto que a veces es difícil darse cuenta de que te la han robado (recordemos a los hombres grises), uno se cura... Y en eso estamos, y a eso vamos.
martes, junio 25, 2013
SIN VELAS Y A LA DERIVA
Aquellos barcos eran de casco duro, resistente, de buena madera, y las balas de los cañones no eran tan grandes; luego, cuando los barcos se encontraban a distancia suficiente, los cañonazos no iban dirigidos al casco para hundirlo, iban dirigidos al velamen, a los mástiles. Unos pocos cañonazos certeros bastaban para dañar el velamen, pero en aquellas batallas se daba el todo por el todo, y los barcos lanzaban andanada tras andanada, persiguiendo, acosando, quemando toda la pólvora hasta desarbolar, desarmar, al enemigo. Gran estrategia que impedía la huida o cualquier tipo de maniobra defensiva del barco atacado. Una vez desarbolado el barco, sólo quedaba el abordaje, la masacre y recoger el botín.
Pero qué ocurría si los atacados eran bravos y conseguían repeler el abordaje, incluso haciendo huir a los primeros, ¿cómo quedaba su barco?, sin velas, sin mástiles, en alta mar, a merced de olas y oleajes, de calmas chichas desesperantes con ausencia de corrientes benévolas que les llevaran a costa o puerto, frágiles, heridos muchos de ellos, y, si la suerte no acompañaba, hambrientos al cabo de unos pocos días, cuando se terminaran las tortugas de sus bodegas, confiando, esperando, que buenas corrientes los llevaran a tierra firme para buscar árboles con los que reparar sus mástiles y sus velas... y seguir rumbo.
Nada peor que estar herido, sin velas y a la deriva en una calma chicha (cuando no arrecian tormentas), mirando el mar a cada rato para ver si el barco desarbolado es empujado por alguna corriente benigna...
Eso o reparar los botes salvavidas y tirar del barco con cuerdas a base de remo, si las fuerzas acompañan.
lunes, enero 16, 2012
MADRID
En fin, ahí va: Madrid. Ciudad de la que siempre he renegado. Viví en ella un año, pero apenas me enteré (allí cumplí los dos añitos). Pero, salvo aquella estancia, mis viajes a Madrid siempre han sido de paso o por motivos profesionales; y siempre que por allí he pasado me ha parecido una ciudad gris y estresante, con gentes corriendo en todas direcciones.
Pero hete aquí que esta vez (diciembre de 2011) viajé por otros motivos a la ciudad de los Austrias, para visitar a un amigo y para tratarme cierta dolencia del corazón y del alma. Esta vez el que iba estresado era yo, e iba para relajarme y caminar, y eso que viajé en época fría y gris. Y, como siempre, las cosas cambian si cambia el punto desde el que se miran. Y de ahí que tuve tiempo para caminar, y caminé, y me empapé del espíritu pre-navideño del centro de la urbe, a pesar de mis pesares. Me gustó ver a la gente, hasta la estresada, me gustó ver, oír y respirar humanidad. Tal es así, que la cura se tornó en enfermedad, y la enfermedad en cura.
No relataré mi visita al Prado, ni la media hora en que, pasmado, me dediqué a contemplar El Jardín de las Delicias de El Bosco (por cierto, que los especialistas en arte me critiquen, pero servidor con 10 años dibujaba mejor que Goya). Tampoco viene al caso relatar mis paseos por las atestadas Plaza Mayor (con su espectacular colección de paraetas de belenes y demás), Sol, Gran Vía, Princesa... Sólo relataré el domingo por la mañana en el rastro de Cascorro cuando, cargado con mi equipaje, arrojé la cura a la basura y enfermé, o quizá cuando dejé de lado las dolencias y sané, quién sabe. El caso es que me gustó el paseo, me gustó el barrio y su humanidad, me gustó escuchar un tango familiar [padre a la guitarra, hijo al acordeón y madre, gruesa y sentada, a la voz tanguera desgarrada] a las puertas de una iglesia (curioso contraste). Como la música me tocó la sensibilidad, ya de por sí a flor de piel, busqué inspiración divina dentro de la iglesia: último banco a la derecha, como siempre, en el rincón y, a ser posible, detrás de una columna. Y no sé si la hallé, no oí, o no escuché, así que seguí con mi periplo.
De camino a Atocha, y como tenía tiempo, entré en la Casa Encendida, y quizá encontré allí lo que iba buscando en "la casa del señor"[?]: "La palabra del Señor"... Vamos, que había un concierto de música Góspel (God Spell). El caso es que aquellas gentes venidas de las Américas me contagiaron mucha energía, me animaron, me animé, a base de cantar el "Oh happy day" y dar palmas cual afroamericano de Louisiana. Y volví sin saber de mi futuro, pero con energías renovadas, ilusión y esperanza... por tomar las decisiones correctas...
El problema viene cuando los sucesos venideros no dependen exclusivamente de las decisiones de uno, y tampoco es cuestión de darse de cabeza contra un muro, cual soldadito de juguete.
En fin, la dolencia ahí sigue, aunque uno se cura, o sigue enfermando, quién sabe; lo importante es participar, seguir en el juego. El caso es que me reconcilié con esa ciudad "de amor y de odio" (como decía Sabina), porque me dijo mucho.
miércoles, mayo 12, 2010
SUSILA (o un día en Bombai)
SUSILA
Primero era Fila, según entendí, después Zila, según entendí, luego fue Sila, resulta que ceceaba al hablar, y finalmente fue Susila, como rezaba el tatuaje de la cara interior de su brazo izquierdo, si bien cortado por los queloides de varios tajos que ella misma se hizo cuando su marido la dejó por otra. Un poco más abajo de su hombro derecho llevaba otro tatuaje, una cruz con pedestal muy básica, apenas unas líneas formando una silueta y, junto a ella, mi nombre escrito.
Susila no era ni hermosa ni fea. Su voz, como le dije, denotaba sus 20 años; pero su rostro, sus pies y su inteligencia describían a una mujer curtida por una vida complicada, corta pero intensa.
Vestida con traje punjabi típico de camisa larga, bordada, blanca y adornada de flores, pantalones a juego, de color rosa, aunque sucios los camales, y pañuelo también rosa y también a juego, Susila me abordó con su hijita Jessica, de apenas un año echado a ojo, hablando en inglés, alemán, italiano y “español un poco” en la Puerta de la India, a la cuál llegué no con pocos esfuerzos y sudores, de los literales, desde la estación Victoria Terminus, de la ciudad hoy llamada Mumbai.
Antes de Susila, me habían abordado unos cuantos vendedores de postales y ofrecidos guías turísticos, todos ellos de ojos vidriosos y/o violentos que inspiraban poca o ninguna confianza. Pero quién se atreve en este mundo a desconfiar de una joven con su hija enganchada en su cadera.
Su propósito inicial fue venderme una pulsera de flores que me colocó hábilmente en el brazo sin darme tiempo a reaccionar, y manteniendo a Jessica en brazos. Por cierto, no pagué la pulsera, pero la llevé hasta que el sudor de Mumbai acabó con las flores. Pero Susila, o Sila, como más le gusta ser llamada, se dedicaba también a hacer de guía turístico (y quizá a otros menesteres de los que nada quise saber), o quizá no, quizá sólo se dedicaba a lo primero. El caso es que, bien por la niña, bien por la combinación blanca y rosa de su atuendo, bien por su par de ojos grandes y negros, me cautivó lo suficiente como para intercambiar unas palabras confiadas. Y así supe que Sila era cristiana (de ahí lo del tatuaje), que había aprendido idiomas estudiando en la escuela, y que podía llevarme a todos los sitios que me habían recomendado ver de Mumbai. Así que, sin hablar de precio, dejé que me guiara caminando, a buen ritmo, por la calurosa ciudad. Supongo que ella también debió de confiar en mis ojos de niño, pues cuando le propuse ayudarla a cargar a la niña me la colocó en mis brazos sin dudar y siguió la marcha. Y así pasamos por el Colaba Market, el puerto pesquero y por el Dohba Gate, impresionante lavadero de ropa donde hombres lavan toallas, sábanas, mantas y todo tipo de prendas a mano a cambio de dinero.
Mujeres limpiando gambas en el puerto pesquero de Mumbai
También pasamos por un templo de Ganesh y Hanuman, donde un sacerdote me bendijo, me pintó la frente y me colocó una pulsera para darme larga vida…, por el módico precio de 200 rupias.
De vuelta al Colaba Market, Sila me llevó a una tienda que conocía donde conseguí un par de camisas tradicionales hechas a medida, dos por el precio de una, si es que el precio de una era el precio de una. Después nos enfilamos hacia Chopati Market, justo cuando se unió a la comitiva Ranni.
Ranni, de 15 años según Sila, de no más de 13 según mi ojo de buen cubero, también vestía de punjabi, con todas las piezas hechas de la misma tela floreada. Un arete dorado adornaba la aleta izquierda de su nariz. Ranni nos siguió por todo el paseo, aguantando los probablemente más de 40 grados y el intenso sol que quemó mis brazos sin queja alguna y, a ratos, cargando a Jessica. En Chopati Beach hice un alto obligado para comprar helados para toda la troupe, y para tragar un par de litros de agua fresca y no morir de deshidratación o de golpe de calor, principalmente. La visita siguió por el acuario, el templo Yen y unos jardines, tanto a pie como en taxis hábilmente buscados por Sila, siempre ocupándose ella del regateo y obteniendo muy buenos precios.
Detalle del techo del templo Yen (Mumbai)
Pero Jessica tenía que marcar el ritmo, todos los bebés tienen sus necesidades y no se preocupan de dónde ni cuándo, simplemente las satisfacen. Así que, taxi de vuelta, y de nuevo en la Puerta de India. Allí Sila cambió la ropa de su hija, ropa que tendía en una jardinera durante todo el día y, según me dijo, nadie se la quitaba. Luego dejamos a Sila con la madre de Ranni y llevé a las muchachas a comer a un restaurante árabe. Sila pidió la comida para mí, pero tuve que obligarle a comer más y darle parte de lo mío, pues para ella se había pedido muy poca cantidad, a mi entender, por no abusar de mí. Daba gusto ver comer a Ranni. Tímidamente rechazaba el Chapati (tortas de pan) que le ofrecía, pero sólo una vez, pues al segundo ofrecimiento lo agarraba y lo mojaba con pasión en la salsa del tica-masala. Tras la comida, fuimos de paseo y compras por el Colaba Market. En un momento perdimos a Ranni, pero Sila no parecía preocupada, ya aparecería.
Caía la tarde, así que hablamos de dinero. Después de hacer de guía y protectora de mi integridad durante todo el día me sentía obligado. Pero ella no me pidió un sueldo, no me dio precio, me dijo que si le podía pagar la comida que iba a comprar. Yo me sentía en deuda, claro, pues gracias a ella conozco Mumbai; pero no tenía ni idea de cuánto debía darle, así que pregunté. Ella me dijo que lo que yo quisiera darle, y bromeé: “Te doy 20 rupias”, dije, al cambio unos 33 céntimos de euro. Su respuesta, tras dejar aclarado que era una broma y haberle entregado 1000 rupias, me encogió el corazón (si bien entendí su inglés): “Bien, yo de he mostrado mi corazón, ahora tú me muestras el tuyo”. Aun así me pidió más dinero porque decía que no le llegaba, que no tenía suficiente. Yo le propuse acompañarla a comprar la comida con lo que le había dado, y pagar yo lo que faltara. Tonto de mí, no era consciente de nada, con mi estúpida mente occidental que tan viajadita se cree. La compra de la comida y la relación de gastos la dejaré para el final.
Después de la compra, y haciendo tiempo antes de ir a recoger las camisas al sastre, le pedí que me llevara a un centro de internet. Sin darme cuenta estuve como más de 40 minutos trbajando. A la salida supuse que Sila se habría ido; pero no, allí estaban, Sila y Ranni esperando en la puerta. La compra de la comida estaba hecha, entonces ¿por qué me esperaba? Sea por lo que fuere, me alegré mucho, y le dije a Sila que quería comprar algo más. Quería un par de sandalias para una amiga. Mi amiga tenía el pie de su mismo tamaño, y le dije que confiaba en ella, que escogiera las que más le gustasen, que seguro le iban a gustar a mi amiga. Ella se encargó de escoger las sandalias y, entre los dos, en perfecta coordinación, del regateo. Ella recogió las sandalias del vendedor y me las pasó. Entonces le dije que eran para una amiga, para ella, y se las devolví a sus manos (sus sandalias estaban en un estado lamentable). Apenas balbuceó un “thank you”, pero en sus ojos se veía la sorpresa y la emoción, y en los míos imagino que se vería tremenda alegría.
Tras recoger las camisas, le pedí que me buscara un taxi para ir al aeropuerto. Sila negoció un buen precio con un taxista musulmán de larga barba y yamulke blanco de ganchillo sobre su cabeza rasurada. Era su último favor. Yo me despedí de Ranni y luego de ella. Decir tiene que las mujeres indias son muy reacias al contacto físico con extraños, por eso parece que se incomodó al recibir un abrazo y dos besos. Decía algo sobre que la gente podía pensar mal. Me hizo gracia que dijera eso en ese momento, pues durante todo el día habíamos estado paseando por todo Mumbai un “gringo” rubiales de metro ochenta y más de noventa kilos con una muchacha, una niña y una bebé, y alguna mirada inquisitiva recibí, a buen seguro. Cuando el taxi arrancó miré atrás y vi que Ranni me decía adiós agitando su mano.
No creo que vuelva a ver a Sila, le dejé mi dirección de correo, pero dudo que tenga ocasión de ponerse delante de un ordenador alguna vez; a pesar de que dijo que sabía manejarlos y que había estudiado. Sólo espero que siempre le vaya bien, y a Ranni, claro; aunque tras conocer Mumbai uno no puede ser optimista.
Pasemos ahora a relatar el proceso de compra de comestibles. Lo que Sila pretendía que le pagase ascendía a 7000 rupias (120 euros aproximadamente). Lo que al final le pagué ascendió a unas 5000 rupias, a saber: Dos botes de leche en polvo de 10-15 kilos, un saco de arroz de 15 kilos y un galón de aceite de unos 10 litros. En total, entre compras de comida, helados, taxis, aguas y las sandalias, Sila probablemente obtuvo de mí esos 120 euros. Y aun despidiéndonos me pidió más dinero para un taxi, pues iba a llevar muchas cargas. Le di 500 rupias más. No lo he dicho antes, Sila vivía en la otra punta de Mumbai, en una casa de plástico con su madre, su hija y dos hermanos menores, chico y chica. Y sé esto no porque me soltara la retahíla al conocernos para infundir pena o lástima, sino porque un día entero da para muchos ratos de conversación, y uno es bastante indiscreto, la verdad. Sila tenía que coger el tren de ida y vuelta todos los días, un viaje de dos horas por trayecto, para trabajar de guía en la Puerta de la India todo el día y llevar algo de dinero a casa. Se puede pensar que me coló un gol por toda la escuadra, que me sacó mucho dinero, que se aprovechó, que fui tonto y caí. Pero quién se aprovechó de quién es discutible, porque en nuestro mundo algodonado hay quien se gasta más de 120 euros en copas en un fin de semana y, según dijo Sila, el arroz, la leche en polvo y el aceite le resolvían la comida de su hija y sus hermanos por SEIS MESES!!!… y yo pude ver y disfrutar Bombay en compañía, y no en soledad, como acostumbran a transcurrir mis viajes.
Foto: de derecha a izquierda: Ranni, Sila, Jessica, Gandhi (en estatua)
miércoles, enero 13, 2010
HAITI (o la ira del lobo)
Y uno sabe lo que cuesta levantar una escuela, y dotarla, y hacerla funcionar, en ese país, y uno sabe lo que cuesta, por poner un ejemplo, un carro de combate, y uno se pregunta en qué mundo vivimos, y a uno le da por llorar.
La verdad es que cuando uno analiza la historia de un país que ha nacido de la esclavitud, que ha sufrido del expolio y la tirania de tiranos y de potencias... Todos sabemos cuales, las que ahora se lamentan y se volcarán en ayuda, mandando toneladas de ropa y sacos de arroz que los haitianos, hábilmente, reciclarán revendiéndola en la Republica Dominicana. Digo que analizando a un país maltratado por las personas, de esos que cada vez que quiere levantar el vuelo recibe una zancadilla, uno vé que además es maltratado por las fuerzas de la naturaleza no puede por menos que compadecerse...
Tampoco es cuestion de clamar contra Dios, pues un país sobre un límite de placas, y situado en el corredor típico de los ciclones veraniegos, tiene muchos puntos para pasarlas canutas año tras año. La cuestion es porqué un terremoto de similares magnitudes al de ayer, en Japón solo causa la muerte de una viejecita que pierde el equilibrio y se golpea la cabeza. La cuestión es que si exprimimos una naranja y luego llega otro y la exprime a lo bruto, cuando llega el dueño de la naranja a sacarle jugo no queda ni gota, solo una naranja espachurrada.
Ayudemos a Haití hoy, pero como decia el sabio: "si quieres ayudarme empieza por no molestarme". Una vez esté a flote, dejemos que éste y otros paises similares naveguen por donde quieran. Aunque sea a costa de un poquito de nuestro nivel de vida, de perder algunos algodoncillos de nuestro cómodo colchon, de que se resquebraje un poco la cascara que nos rodea.
Y uno recuerda las caras sonrientes de los niños de Anse-a-pitre, alucinados pero sonrientes al ver pasar a este gringo por sus calles... por llamarlas de una manera.
jueves, agosto 27, 2009
COMER COMO UN CERDO
Y es que lo de Saona es increible; cuando uno viaja en la barca del pescador, y se acomoda en el catre del pescador, y come el mismo moro y el mismo pescado frito que el pescador y su familia, y es picado por los mismos mosquitos que al pescador pican (aunque a uno le hagan ronchas mas llamativas y duraderas), uno viaja, y agradece la hospitalidad y el "lujo" que recibe con mucho mas agrado.
Pero claro, hay otras formas de viajar, hay quien prefiere la comodidad del Ressort, y ser conducido, cual rebanyo o piara, del hotel al autobus, del autobus a la lancha o catamaran donde, hacinado, es conducido a la playa donde se podra banyar, con tiempo limitado, y al restaurante donde podra comer mucha mas comida de la que pueda y deba comer. Todo esto sin interactuar con la gente, porque hasta le diran a quien tiene que comprar el souvenir y por cuanto.
Pero volvamos a la comida, a esas ingentes cantidades de comida bien y abundantemente servidas que pasaran de los platos de los turistas a las fauces de los cerdos; no cajas, carretillas de comida, de pasta, de arroz, de pescado, de fruta,..., y pensemos tambien en las necesidades de los pescadores, y de sus familias, y en la frugalidad de sus platos, que a mi me saben a gloria.
Nota curiosa: Los duenyos del restaurante no compran langostas grandes a los pescadores porque dicen que una langosta asi es mucho para un servicio, asi que las quieren pequenyas... Viva la conservacion y el uso sostenible de los recursos naturales.
Una vez saciados, los cerdos vuelven a sus quehaceres: revolcarse en el barro de la cienaga, tumbarse a dormitar, tras dejarlo todo perdido.
Una vez saciados, los turistas vuelven a sus quehaceres: tumbarse en la playa (vuelta y vuelta hasta coger el tono camaron), retozar en el agua o en la orilla y dejar la playa perdida de vasos plasticos, botellas, panyuelos, servilletas, helados, cocos batidos,...
(Ahora es cuando miro a la camara y permanezco en silencio por unos segundos)...
POR UN TURISMO RESPETUOSO, RESPONSABLE Y SOSTENIBLE
miércoles, agosto 12, 2009
SECRETO II
Culo él, culo ella, ambos como plazas de toros, pero moviéndose al mismo SON, con gracia inusitada. Elegantes ellos, poderosas ellas, algunas por sus carnes. Entonces apareció aquella muchacha tras el cristal, apenas vestida con camiseta blanca de tirantes, que poco tapaba y mucho decía, y unos vaqueros cortísimos. No señores, no se relaman, que la muchcha no iba elegante, que la muchacha no venía a bailar, ni creo que tuviera permitida la entrada, la muchacha trataba de vender un par de zapatos haciendo señas a los clientes que, bien elegantes, poblaban el local. La muchacha era una necesitada habitante del barrio de Villa Consuelo. Normalmente, por las ventanas se suele mirar desde dentro hacia afuera. Y así, sin saber muy bien cómo, vino este cuento a mi cabeza.
A TRAVÉS DEL CRISTAL:
Ambos estaban de pie frente al ventanal, mirando hacia afuera. Mira cómo van todos, tan deprisa, tan corriendo, como si les fuera la vida en ello. Mira ese de ahí, seguro que no tardará en sufrir un paro cardíaco, preocupado él por asuntos de trabajo. ¿Y aquella señora de allá?, dijo ella, ni que la corriera el diablo, ¿a dónde irá?. Él se encogió de hombros y dijo, míralos, apenas se dan cuenta de que unos están junto a otros, como los de aquella parada de autobús, tan juntos y cada uno a lo suyo, sin mirar a los otros, salvo para ver si guardan la fila y no les quitan el turno, ni siquiera se dan cuenta de nuestra presencia. Espera, dijo ella, ahí viene alguien, esa señora entrada en carnes. ¿La gorda?, preguntó él. Qué bruto eres, replicó ella, sí, esa. Parece que mira tu vestido con interés, dijo él. Sí, pero se va, no creo que sea de su talla. ¿Estás de broma?, ni en sueños cabría ella ahí, ese vestido sólo es para chicas de tu tipo, de tu talle, de tu hermosura. Eres un romántico, dijo ella. Contigo siempre, replicó él sin mirarla. Viste que también te echó un vistazo, ¿no?. Me repasó más bien diría yo. Igual estaba imaginando a su marido con un traje tan elegante como el que llevas hoy, dijo ella. O a su amante, o a ambos, replicó él. ¿Quieres decir que su marido es su amante, que son la misma persona?. Siempre serás una romántica, espera, esa niña parece que nos quiere decir algo, la que va con su madre, nos saluda, una pena que no la oigamos a través del cristal, los niños, siempre geniales, porqué crecerán, si pudiera devolverle el saludo...
...Esther, ¿con quién hablas?, ¡Uy, qué vestido tan bonito!, un poco caro, anda, no hagas tonterías y vámonos a casa.
JT 2009
miércoles, mayo 27, 2009
EL SECRETO MUSICAL
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lunes, mayo 11, 2009
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domingo, abril 19, 2009
CARIBE
Ahora hallome en pleno Caribe, bueno, en su extremo norte, que viene ser el sur de la República de Mojiganga (Las Ruvis, 2007). Hay mucho por escribir, pero de trabajo. Aun así, trataré de pasarme por aquí con más frecuencia, no vaya a ser que mi propio blog me despida...
... Habrá alguien que todavía se pase por aquí?.
lunes, febrero 16, 2009
PIEDRAS
Y es que este fin he decidido viajar para despedirme, carretera y manta, de la pérfida Albión, que ni tan pérfida ni tan Albión (más bien gris). Así que me he hecho la ruta de las piedras aprovechando que tenía que viajar a Exeter por motivos académicos. De ahí seguí camino hacia Wells (pozos), donde la cámara no me dejó fotografiar su espectacular catedral por falta de energía (de la cámara). Intuyo que aquellas eran las tierras por las que una vez cabalgó el Rey Arturo, por la cantidad de tiendas, vehículos de empresas de reparto, Inns, Pubs, etc., que vi por carretera con nombres como Camelot o Avalon.
Luego fui a Bristol, donde me encontré con piedras de las primeras, de las que hablaba al principio, de las buenas, de cuya compañía y arte uno disfruta. Al día siguiente a disfrutar de más piedras, pero en este caso de las que los hombres ponen una encima de otra y fijan con argamasa. Impresionante la ciudad de Bath, donde en una plaza se juntan piedras antiquísimas, piedras antiguas, aguas termales y un par de humoristas enseñando sus posaderas a cientos de turistas...
Y después a ver las antiguas piedras, las que marcan las direcciones y las estaciones (quizá fui buscando dirección, pero principalmente para echar la foto y mandársela a alguien querido, cosa que ya he hecho).
No coloco reportaje fotográfico, porque es lo que tiene viajar solo, uno sólo encuentra paisajes, edificios y piedras en las fotos muertas de su cámara; porque si retratarse uno mismo trata sólo obtiene primerísimos planos extrae-defectos faciales (lo que dé la longitud del brazo propio) o culos a la carrera sorprendidos por el automático de la cámara (qué rápido pasan 10 segundos). Y para fotos malas, mejor las postales paisajístas.
Y es que me encanta viajar, uno se encuentra con uno mismo cuando viaja en la propia compañía, se encuentra, o se pierde, de sí mismo, pero diantre, ya me gustaría salir decentemente en alguna foto de vez en cuando, y poner la cabeza como un bombo a una de esas piedras de las que hablaba al principio que con infinita paciencia y sorprendente interés escuche mis batallas y explicaciones de la Falla...
lunes, febrero 02, 2009
CORNLAND
Queda un mes, y ya siento que me estoy despidiendo de esta tierra. Y como si ella no quisiera despedirse de mí ha recibido del cielo (negro) una copiosa nevada (veremos cómo vuelvo a casa). Y es que esta tierra ha supuesto un gran cambio. En su tiempo, el tímido se hizo extrovertido, pero todos necesitamos reciclarnos, renacer, hacer un borrón y cuenta nueva, o mejor, meternos en la lavadora, y como ropa lavada debemos tendernos para secarnos antes de poder lucir brillantes y limpios. Y (oh my god!) que en esta tierra llueve tanto que me ha costado horrores y buena calefacción secarme. Y cuando uno está seco y preparado, cuando uno empieza a vivir la tierra, a recoger sus frutos..., otro cambio. No sé si parará la rueda, pero como digo, por lo menos rueda, y caminante no hay camino...
El caso es que mucho viví, mucho aprendí, mucho me llevo, y mucho me dejo también. Como dijo un gran amigo: "La historia es una sucesión de sucesos sucedidos sucesivamente". La historia? y la vida, esa también. De momento volveremos a la terreta, pero ojo al Próximamente, porque de momento no pararé.
Nos vemos por el mundo.
jueves, enero 08, 2009
2009 II (SEGUIMOS VIAJANDO)
Esperemos que este año traiga mejoras en los queridos, menos trabajo y más logros (utopía, pero por pedir...) y, a riesgo de parecer una Miss respondiendo al jurado en pleno concurso, LA PAZ EN EL MUNDO (utopía, pero por pedir..., que es gratis). Y en lo personal..., como decía el proverbio:
“... la Serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, la Valentía para cambiar aquellas cosas que puedo, y la Sabiduría para reconocer la diferencia”.
Salud para todos, y que la fuerza os acompañe!!!
viernes, diciembre 19, 2008
WALKABOUT
"O ser abiertamente xenófobo y no querer salir de esa burbuja hermética en la que vivimos por miedo a cambiar de opinión".
Y es cierto, somos herméticos, vivimos en nuestra burbuja, entre algodones (expresiones ambas que ya se están convirtiendo en tópicos y que, por tanto, se está diluyendo su relevancia, su significado, su peligrosidad). Cada vez somos más egoístas, en todos los conceptos de la palabra, lo buenos y los malos. Cada vez miramos más adentro; y al mundo sólo miramos a través de un cuadrángulo, a saber: raras veces una ventana, muchas un televisor, cada vez más la pantalla de un PC o laptop. Y digo yo, que un poco viajadito estoy, que cuántos problemas se solucionarían si cada uno, al menos una vez en nuestra (preferiblemente temprana) vida hiciéramos nuestro walkabout. Dejando de lado la parte espiritual del viaje, simplemente propongo salir a conocer, salir de nuestro círculo, de nuestra casa, de nuestro entorno, de nuestros hábitos y costumbres (los buenos y los malos), solos o con una buena compañía elegida, pero no con multitude (en la que refugiarse). Y no hablo de 9 días en resort de Playa Bávaro aprendiendo a bailar bachata con un margarita en la mano. Hablo de liarse el petate, la manta o nada al hombro y caminar, conocer, descubrir. Y tampoco hace falta irse a las chimbambas argentinas. Sobre todo salir a conocer gente, gente con la que no estamos habituados a tratar, gente diferente. Sólo así podremos llegar a descubrir lo hermosas que somos las personas (y lo hiodeputas también), sólo así podremos volver a casa y ver que nuestros problemas no lo son tanto, que ese que no me gusta por ser diferente resulta que no lo es tanto, que mi triste vida no lo es tanto, que las cosas no son para tanto, y las que sí lo son resulta que ni nos habíamos dado cuenta de ellas. Y veremos lo fácil que es la solución de muchos problemas, y que si algunos no se solucionan es pura y simplemente por voluntad (o falta de ella).
Hace unos años mi amiga me recomendó un libro (fuiste tú, no?) que explica mejor que yo lo que quiero decir. Años después, otra amiga me lo regaló, pero haciendo caso a la primera resulta que ya me lo había leído, así que lo que hice con la segunda amiga fue intercambiarnos el mismo libro. Ella se quedó con el mío, y yo con el regalo. Así, además del libro, (man)tenemos cada uno un poco del otro.
El libro en cuestión: "Las voces del desierto". La escritora: Marlo Morgan. (Nota: curioso que en la Wikipedia, antes del título del libro pongan la palabra POLÉMICO, altamente curioso). Que lo disfrutéis.
jueves, octubre 30, 2008
MUERTE
Los indios norteamericanos eran temibles para los soldados de la cabellería porque aquellos no tenían miedo a la muerte. Se levantaban cada mañana, salian del tipi y decían: "Hoy es un gran día para morir". Salvo un indio gracioso que se empeñaba en decir: "pues hoy parece que va a llover", indio conocido con el nombre de Anticiclón Huidizo.
Bromas aparte, a veces me siento como un indio (otras lo hago directamente).
No, no es que me vaya a mejor (o peor) vida pronto (que yo sepa), no es que ande en plan fatalista, ni mucho menos, nada de cortarme las venas. Mi vida es una aventura, y yo su protagonista, y el final tiene que ser de película. Pero a veces me siento como un indio, y me siento preparado para "el triste final" llegue cuando llegue, sin miedo. Será porque no tengo familia propia (salvo la filial, a la que quiero mucho dicho sea de paso), será por lo vivido, será por lo hecho. ¿Que queda por hacer?, siempre; pero uno ha VIVIDO, con mayúsculas y en negrita. Amé, viajé, conocí, CONOCÍ, me equivoqué, me volví a equivocar, rectifiqué, volví a rectificar, bailé, escribí, lloré, abracé, canté (mal), soñé,...
Luego si mañana toca, pues que toque. Aunque, como canta Javier Krahe: sólo espero que la cosa no se acabe con un punto sino con un punto y coma. (de la canción "El cromosoma". No la he encontrado en Youtube, pero está en el disco de La Mandrágora, os recomiendo escucharla).
En cualquier caso, a veces pienso en cómo me gustaría que fuera la despedida. Hay gente que prefiere solemnidad, requiems y regimientos de plañideras, otros ceremonias en la intimidad, otros funerales de estado,... A mi me gustaría esta despedida: pincha aquí
Sería genial poder juntar a toda la gente que pasó por mi vida, o a la gente por cuyas vidas pasé, y que compartieran, y nada de lágrimas. Eso sí, en lugar de coca-cola, que en el evento corran ríos de cerveza y buen vino.
En cualquier caso, hoy es un buen día para morir..., pero mañana será mejor. (Recordadme que esto lo diga también mañana).
Salud!
lunes, septiembre 29, 2008
A NIGHT AT THE SOHO
Pues sí, hoy va con un toque personal. Y es que este fin de semana me he escapado a London. Y además lo he hecho de una forma especial y con especial compañía. Me fui acompañando a The Eyelids, y es que estas chicas son increibles. El fin de semana incluyó paseo por el Soho (un tanto impresionado por los pubs poblados de hombres con escaso pelo, salvo en la perilla, musculosos brazos y chalecos de cuero), asistencia al concierto en 12 Bar, noche cervecera, paseo dominguero matutino por Regents Garden y visita al mercado de Candem resurgido de sus cenizas (im-presionante). La foto de arriba es de un restaurante chino en Candem high Street.
Disfruté mucho con la música en directo (por gallos que se escapen y pitidos de altavoz, siempre es mejor que las grabaciones), no sólo de la de las chicas, sino de otros grupos geniales. Unos muchachos de Cánada, the Reverb Sindicate, tuvieron a bien regalarme su CD. Tocan bien estos muchachos, muy bien. Al final de la noche, el mismo dueño del local se arrancó con clásicos del rock, varios de ellos de Elvys, acompañado de tres viejas glorias (el guitarrista de impresión, qué virtuoso el tipo, nunca he visto hacer cosas así con una guitarra).
En fin, una gran noche y una buena inversión el viaje de 6 horas en furgoneta (más 8 de vuelta, Kelly se perdión en Bristol, en esta ocasión yo en la parte de atrás, con las guitarras y el contrabajo).
Sí me gustaría extraer unas cuantas conclusiones de este fin de semana:
1. Media España vive en Londres (el primer bar y la primera cerveza me lo sirvió una Valenciana, olé!, y el hotel me lo recomendó un camarero español que parecía sacado de Motilla del Palancar).
2. La otra media España está de visita en Londres (y grita mucho).
3. Si hay una ciudad que defina, o mejor, que sintetice al mundo es Londres. No es una cuestión multiracial, es multicultural y multipersonal. Express yourself, live and let live (or die). Si hay algo en el fondo del armario que te encanta, pero que no te lo pones por no dar el cante, vete a Londres y póntelo. Por poner un ejemplo describo un look: Pelo teñido, de negro, como el maquillaje, piercings varios en la cara, top estilo corsé, minifalda a medio culo, medias tipo red y botas de plataforma. Vale, es look, son accesorios, pero el tatuaje de diablesa desnuda en el brazo era suyo. En efecto, la camarera valenciana que me puso la pint...
4. Sus cosas malas tendrá, pero me parece una ciudad increible, sobre todo por su diversidad, su respeto internacional, su paz agitada, su frenesí, su vida. Si hay alguien que sigue pensando que "cada uno en su casa y que nadie invada la mía", que se dé un paseo por Londres. Se dará cuenta de que él/ella aun vive en la Edad Media, y que son otros tiempos en los que vivimos (algo bueno debería de tener la globalización).
5. La batería de la cámara de fotos hay que tenerla cargada antes de viajar...
Bueno, y desde aquí un beso muy fuerte a las chicas, que son grandes grandes. Ahí os dejo una fotito de ellas. De izquierda a derecha Josie (guitar and vocals), Kelly (singer, y una gran amiga), Michelle (drums, pura energía) y Louise (double bass, increible). ¿Guapas eh?.
P.F. (post foto): Si alguien se asusta por mis gustos musicales tras este post, decir que soy un avezado bailarín de salsa y bachata, y que me emociona tremendamente el tercer movimiento del segundo concierto del Brandemburgo (de Juan Sebastián).
jueves, septiembre 18, 2008
CALCUTAS HAY MUCHAS
En la República Caribeña de Mojiganga (por poner un ejemplo), mucha gente del campo es pobre, no tiene recursos, o tiene que pelear mucho por ellos. Además, la climatología (huracanes) acaba frecuentemente con las cosechas de plátano, guineo, caña,...
Entonces deciden irse a las ciudades a buscar oportunidades (imagino que como en otros sitios). Con el tiempo, bellas y cuidadas ciudades se rodean de barrios de chabolas, fabelas, o aglomeraciones de gente, y se afean, y se ensucian, se descuidan. La gente pasa de vivir en sus casitas bajo árboles con sus terrenos y campos (propios o arrendados), con su cercado y su patio, a vivir en una casucha de paredes y techo de chapa (los que tienen suerte) de 2x2, precisamente dentro de un patio. Sus oportunidades pasan, con suerte, por conseguir algún/os trabajito/s, aunque muchos acaban malvendiendo mercancías (naranjas, agua, cargadores de teléfonos para los coches,...) en los semáforos. Ellas lo tienen más fácil, siempre se pueden dedicar a la prostitución...
Aun así pocos regresan (resignación?, esperanza? quién lo sabe).
Claro que algunos consiguen prosperar, pero el porcentaje es irrisorio.
Mi hermana no para de preguntarse porqué esta gente que vive o malvive en el campo decide peorvivir o morir en la ciudad bajo esas condiciones, y porqué no regresan.
Yo creo que es un problema de educación. Si la gente del campo supiera de antemano el futuro que les espera en esas ciudades... cogerían su machete y se irían a limpiar el conuco.
Calcutas hay muchas, por todo el mundo, hasta en casa.
Salud!
Nota: Quería meter una foto de casas dominicanas (por supuesto no del tipo Bávaro Resort Beach), así que escribí la palabra "Chabola" en imágenes de Google. Y la primera fue una casa típica dominicana, ver link arriba en la palabra chabola, (curiouse).
lunes, septiembre 15, 2008
SIN PARAR
Regresé con energías, no físicas, esas casi se me agotan en la república de Mojiganga (verano intenso el pasado), pero sí energías espirituales. Aunque no sé si será por la lluvia, por el imbécil de Cupido o por mi mala suerte, que éstas, las energías, se me deben estar escapando por alguna fisura de alguna tubería.
Y aquí estoy, debatiéndome entre el plan A (imposible, de momento) y el plan B (posible, de momento), y olvidándome, o queriendo olvidarme, de la larga lista de cosas por hacer que tengo delante. De nuevo me toca aparcar (o apartar) "mi" vida para vivir "mi" vida. Dónde pongo las comillas? ni lo sé. Pero como dijo un imbécil una vez: "Ché tirarem cap endavant".
Saludos

